Tabaquismo juvenil
Los jóvenes chilenos fuman y mucho. De hecho, un estudio publicado en
2012, en el Atlas Mundial del Tabaco, sitúa a las adolescentes chilenas de entre 13
y 15 años como las más fumadoras de todo el mundo mientras que las mujeres adultas
chilenas son las más fumadoras de las Américas.
Un tercio de la población femenina enciende su primer cigarrillo
antes de una hora desde que se despierta, lo que indica que ya son dependientes de
la nicotina.
Debes recordar que el tabaco es el primer factor de riesgo de cáncer
ya que el humo y los productos que derivan de su combustión se depositan en nuestros
órganos. Se sabe que uno de cada tres cánceres está asociado al tabaquismo que es
también uno de los principales factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares,
hipertensión arterial, trombosis, enfermedad vascular periférica y disfunción
eréctil. Y mientras antes se inicia el hábito tabáquico, más son los riesgos.
Ninguna cantidad de cigarrillos es segura. Un estudio del InterHeart
muestra que el consumo de tan solo 1 a 2 cigarrillos diarios aumenta el riesgo de
sufrir un infarto cardiaco en 30%, cifra que aumenta proporcionalmente al número de
cigarrillos como al tiempo de exposición al tabaco.
Fumar es también la primera causa de las enfermedades del aparato
respiratorio como bronquitis crónica y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Y
como si fuera poco es responsable de la aparición de arrugas a edades más tempranas
debido a que el tabaco degrada las fibras elásticas de la piel, provoca dientes
amarillos y mal aliento.
¿Cómo evitarlo?
La mayoría de los adolescentes se ven expuestos a este hábito adictivo muchas veces
mediante la presión de sus pares. En este caso lo mejor es:
- Educar con el ejemplo: Dejar el hábito tabáquico para ser consecuentes con el
mensaje que les estamos dando (“no fumes”).
- Establecer límites: Mantenerse firmes como padres en cuanto a esta prohibición,
haciendo alusión a lo dañino que es el tabaco, pero también enfatizando los
beneficios de tener una vida saludable libre de humo.
- Dialogar: Escuchar lo que los jóvenes tienen que decir y explicarles con hechos
los efectos negativos del tabaco en la salud general, desde la disminución de la
capacidad respiratoria y la energía para realizar actividad física, hasta
aspectos estéticos, como el deterioro de la calidad de la piel, el mal olor en
boca y ropa, el amarilleo de los dientes, entre otros.
Prevención
La prevención debiera redundar en que jóvenes y adolescentes no se
inicien en el hábito de fumar. Para ello se requieren políticas públicas eficaces
como las propuestas por el Convenio Marco para el Control del Tabaquismo suscrito y
ratificado por Chile en 2005. En el mundo se han implementado medidas que han sido
eficientes y no han representado grandes inversiones. Dos son los ejes centrales: la
protección de los espacios libres de humo y un significativo aumento en los
impuestos al tabaco. En relación con los espacios libres de humo, en Chile se ha
avanzado, pero aún se hace necesario -a juicio de los expertos- ampliar esta medida
a otros lugares. Está demostrado, dicen que estar en un espacio libre de humo
protege a los fumadores pasivos, pero también contribuye a que los fumadores bajen
su consumo.
Con el aumento de los impuestos, lo que se busca es que el precio
final de los cigarrilos desincentiven el consumo en la población, especialmente
entre los jóvenes y adolescentes así como en personas de estratos sociales más
bajos.
Otra medida es la regulación del uso de aditivos como saborizantes,
que constituyen un atractivo y facilitan el inicio del hábito tabáquico.
Padres fumadores, hijos fumadores
Los niños son como esponjas asumen los malos hábitos como propios si
los ven practicados por sus modelos adultos. Por eso, los hijos de padres fumadores
tienen tres veces más probabilidades de ser fumadores adolescentes que los hijos de
padres que nunca han fumado.
Investigadores estadounidenses de la Universidad de Georgetown y de
Purdue concuerdan en que es fundamental que los padres de fumadores dejen de hacerlo
al principio de la vida de sus hijos o incluso antes de decidir el embarazo para
asegurarse de que la gestación siga su curso sin que el feto esté expuesto a los
contaminantes del tabaco.
La investigación de la Universidad de Purdue, publicado por la
revista Pediatrics, analizó los patrones de tabaquismo durante 23 años para
comprobar si el hábito tabáquico de los padres se vinculaban a un mayor riesgo de
que sus hijos fueran fumadores.Los resultados fueron increíbles.
El 16% de los niños menores de 11 años, hijos de padres fumadores,
habían fumado al menos un cigarrillo en el último año contra el 8% de los niños de
la misma edad con padres no fumadores. Además,se demostró que el 23% de los
adolescentes, hijos de padres que habían fumado en su adolescencia y habían dejado
el hábito en la edad adulta, fumaba. La cifra se elevaba al 29% entre los jóvenes
cuyos padres habían empezado a fumar en la adultez.
El trabajo mostró también que los niños que habían consumido tabaco
durante el último año tenían más riesgo de tener síntomas de depresión, bajas notas,
baja autoestima y difíciles relaciones con sus padres.